Una historia tan mía y a la vez tan tuya

Reflexiones

10 de Junio del 2012, día de la Tarasca.

Cabezudos y títeres danzan alrededor de Granada al son de la más bella música popular. A los costados del desfile, padres, niños y jóvenes se aglomeran para apreciar el evento, al igual que curiosos turistas intrigados por este acontecimiento tan diferente en un día de primavera-verano.

A pocas calles de distancia, dos jóvenes también festejaban, justo en la puerta del café sonrisa kanaya, algo mucho más grande y especial que todos los eventos habidos y por haber en esa fecha. El primer beso de una historia de las que nunca acaban.

Fueron muchos los años, días y horas que compartieron juntos. En concreto, tres años y medio de aventuras y desventuras. Fieles compañeros de camino, de la mano se enfrentaron al mundo. En ocasiones parecía más grande que ellos, pero juntos conseguían todo lo que se proponían. Fue tan bonita la conquista, y mejor aún cuando disfrutaban de las mieles del romance. 

Sin embargo no es oro todo lo que parece, y conforme fueron pasando los meses, la relación fluyó y como el cauce de un río que se divide en dos afluentes, cada uno comenzó a tomar su propio camino. Ahí es donde vinieron las peleas y discusiones, presentes desde el inicio, pero ya no se ocultaban tras el dulce sabor del inicio. Éste se tornó amargo, y mucho más con el avance de los días. Cada día eran más incompatibles… Y lo se bien porque esta es mi historia.

Me recuerdo… Rota, dolorida y destrozada. Como un títere fragmentado, llorando para mis adentros mientras me acurrucaba en un sillón de la casa. ¿A caso merecía todo ese dolor que nos estábamos causando el uno al otro? ¿Qué ocurrió con lo que teníamos? ¿A dónde fue el amor… Y los buenos ratos?. Siempre me prometí a mi misma, que todo se solucionaría. Es mas, juntos lo asegurábamos a diario. Todo se repararía, un tema que agota, sobretodo si se trata 24/7.

Tal vez ahí estuvo, el gran error.  Querer ver como nuevo, algo en apariencia medio estable, pero podrido por dentro. No fue por nada y todo a la vez. Simplemente que cambiamos. El amor se corrompió, nos perdimos el respeto mutuo y ya no era igual para ninguno de los dos… Ni siquiera el dormir juntos.

Fue mi héroe, mi escudo, mi cabaña, mi espada… El abrazo que necesitaba en las noches y el beso de buenos días. El primer amor que siempre había soñado y el mejor apoyo que tuve en tantos momentos. Y sin embargo, hoy sólo es un extraño. Un conocido al que aún no me atrevo a ver.

Recuerdo que por las noches me abrazaba hasta que acababa completamente dormida, incluso cuando tenía pesadillas y me despertaba en grito ahogado a las 3 o 4 de la mañana… Y eso que él tenia que ir al trabajo bien temprano. También recuerdo como soñábamos con nuestro futuro. 3 hijos, una casa junto al mar y tantos proyectos por delante… El perrito que casi adoptamos y los 3 intentos de vivir juntos, todos fallidos.

Fue una decisión difícil, por el amor que le había tenido y en ese momento sentía que le tenía, por tantos momentos tan maravillosos a la par que otros tan oscuros… Y sobretodo por el miedo que me causaba imaginar estar sin el, o mejor dicho, el que me causaba imaginarlo con otra.  

Esos besos en la frente que me reconfortaron por tantos años, ¿dónde estarían mejor que conmigo? era uno de mis argumentos principales. Esos besos, que a fecha de Septiembre del 2015, me envenenaban a la par que me sanaban. Era tan difícil…Por si fuera poco, me volví una masoquista que disfrazaba de egoísmo sus sentimientos. Preferí acurrucarme una vez más en mi interior y seguir llorando el duelo de un amor que jamás podría recuperar en lugar de tomar partido y poner punto y final a todo aquello.

Habíamos aprendido a conformarnos con el dolor y desgaste que produce un amor quebrado… Uno de los que restan más que suman. De los que te atrapan en un ciclo de tristeza y decepción. Un amor que ya no reflejaba a la persona de la que nos enamoramos en su día.

En mi interior elaboré una lista, repleta de razones a favor así como en contra de la ruptura, que repasaba a diario. Y de nuevo, el 13 de octubre volvió a ocurrir. Discutir se había convertido en nuestro pan de cada día, pero esa fecha fue diferente. Puse en valor todos y cada uno de los recientes acontecimientos, los intentos de reparar aquello y sobretodo la aguda punzada que sentía en mis adentros. Supe que si ese día no lo hacía, ya nunca lo haría. Igual que el día que supe que si volvía a fumar un cigarrillo me podría calificar como adicta.

Me levanté del sillón, me cambié y comencé a recoger mis cosas. Supe tenía que tener el coraje, que ninguno de los dos habíamos demostrado hasta ese momento, y tomar la decisión. En ese momento mil sentimientos acudieron de golpe, tantas idas y venidas… llantos y alegrías. Estaba aturdida, confundida y sobretodo asustada. Fue la decisión que más me había costado tomar. Por dejar de compartir una vida, que ya no era vida si estábamos juntos, y por ver un calendario repleto de días inciertos. La NASA predecía dolor, melancolía y amargo sabor a ruptura y corazón herido por los próximos meses. Así como pronosticó el fin de una de esas historias que nunca terminan… Hasta que llega el momento.

Los primeros días se me hicieron eternos. Tenía mono, de llamarlo, saber como estaba y si le dolía igual que a mí. Verlo, besarlo y abrazarlo. Fingir que todo estaba bien, volver a lamerme las heridas como perro magullado y pretender llevar una vida de cuento. Quise hablar, expulsar todo aquello de mi mente y mis entrañas. También quise arrancarme el corazón de cuajo en sentido no literal claro está, puesto que estaba desesperada por salir de ese mal trago: las noches sin dormir y los días exhausta inmersa en todo tipo de actividades con el fin de no recordar. Me dolía tanto el respirar.

Recuerdo que contaba las semanas de Martes en Martes, el día en que habíamos roto. Al principio fueron 4 días, después 7, 10, 16,21,30,45… Conforme pasaban los días, me encontraba mejor. No había recurrido a ningún remedio, ritual o cosa para ello. Fueron tantas las veces que me vi tentada a escribirle, a volver a sus brazos… Y en resumen, a que ambos tiráramos por tierra todo el esfuerzo que estábamos haciendo por sanar. Se que él quería volver conmigo, de hecho al principio sólo pasaba por mi mente que sería más fácil regresar con el y dejar a un lado todo el dolor. Estuve a punto de hacerlo tantas veces, pero gracias a dios tuve a mi madre y a mis amigos, los Pepito Grillo de la historia  que me recordaban en los momentos que mi mente traicionera sólo recordaba los momentos más dulces, por qué habia hecho todo eso. A día de hoy se lo agradezco. En ese momento era débil aunque pretendiera ser fuerte, pero seguía siendo valiente. En resumen, me permití seguir el ritmo natural de recuperación. 

A día de hoy, 8 de Febrero, no podría sentirme mejor por haber tomado aquella decisión. Recuperé todo el respeto que me había perdido y empecé a ser mi propia heroína. Con metas, proyectos y una larga vida por delante. Aún tengo pesadillas, pero no tan frecuentes, aún lo extraño pero en menor cantidad. Fueron 3 años y medio de sentimientos a flor de piel, demasiado importantes como para ser historia en unas pocas semanas. Fue mucho amor el que profesamos el uno por el otro, y tantas cosas bonitas que hoy en día puedo recordar sin sentir heridas. También sé, que nunca volveremos a estar juntos, porque somos demasiado diferentes y merecemos ser felices con alguien más afín y con quien podamos ser plenamente nosotros mismos.Ahora veo el sol brillar con más fuerza, siento que poco a poco voy recuperando mi corazón, y puedo afirmar que soy feliz sin esconder la mano tras la espalda haciendo una cruz con los dedos. Tengo nuevos proyectos, como estudiar en París desde Septiembre. Nuevas metas y sobretodo emoción desde la mañana hasta por la noche.

Sobre él, se que ha dejado su trabajo para irse a viajar por el mundo. En varias ocasiones ha intentado que volvamos pero, ese libro yá concluyó hace demasiado tiempo como para releerlo de nuevo. Ahora ambos nos embarcamos en una nueva aventura, cada uno por su propio camino, deseándole lo mejor al otro y sin rencores de por medio. Hoy ya no cabe lugar para el odio, solo para el agradecimiento por esta gran lección de vida, y una cordial despedida antes de zarpar. Hemos intentado empezar historias con personas distintas pero, aún no estamos preparados. Incluso el ave necesita tiempo para aprender a volar y poder dejar el nido, de lo contrario se estrellaría y vería concluida su aventura.

Es la primera vez que os comparto un poquito de mí, y me agrada porque estas son las palabras que buscaba encontrar en internet una y otra vez mientras pasaba las noches en vela.  Lo importante, es que tanto si estás pasando por esta situación, como por cualquier otra. No dejes que nadie decida por tí, y hagas lo que hagas, opta por aquello que te haga feliz y no te exijas más de lo que puedes rendir en ese momento. 

¡Un besito con mucho amorsh!

firma

By Nuria

Comments

  1. Responder
    trendymiriam moda2016

    uff tia que emotivo todo…la verdad es que cuando compartes la vida con alguien es dificil tomar este tipo de decisiones…sin embargo si la relación se vuelve tóxica es lo mejor…. besos!

    1. Responder
      Nuria

      La verdad es que si! en el momento en que algo nos hace daño.. lo mejor es dejarlo ir.
      Un beso guapa!

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